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  • Luis Felipe Faraj

La calibración del cambio

He perdido la intencionalidad en las cosas que suelo hacer todos los días. Tuve Covid y me sentó por siete días aproximadamente, me sentía tan inútil que me forzaba a leer y me detenía porque me mareaba con facilidad. Trataba de tener videollamadas con clientes o personas cercanas a mi y no duraba siendo efectivo ni 10 minutos. No quiero que pensemos que estaba grave con peligro de algo más, no; solo que me sentía privado de lo que quería hacer. Nos obsesionamos con la vida y perdemos de vista las pequeñas cosas, aquellas que son verdaderamente significativas. Lo único que quería hacer durante Covid era leer, escribir y nutrir mi espíritu, pero no pude hacerlo. Lo único que podía hacer era quedarme quieto y ver pasar el tiempo. El tiempo: La calibración del cambio. Tomé por sentado tanto el tiempo, pensé que iba a estar siempre a mi disposición como un esclavo. De hecho, el tiempo tiene tanta autonomía que en éste momento el primer mes de 2021 está culminando y no esperó a nadie. Quedan 11 meses más donde la aguja del reloj no se detiene por absolutamente nadie; no le interesa quien se queda atrás y tampoco quien avanza, es el más egoísta de todos.


A veces, Dios permite que las cosas en nuestra vida nos frenen para que podamos evitar un choque espantoso que podría estar más adelante. ¿En qué parte de tu vida ahora Dios te ha frenado? ¿Por qué? ¿Has meditado estando estancado o te has quejado por tu ralentización? Cuando se trata de reducir la velocidad, no cuenten conmigo. Me encanta la velocidad, me fascina. Me impulsa y estoy acostumbrado A ella. Pero la misma paciencia que Dios tuvo para crear el universo es la misma paciencia que Él nos insta a forjar cuando las cosas no salen como queremos. Nuestro camino nunca ha funcionado. Esto me recuerda a una gran película llamada Gridiron Gang donde el director de la prisión se dirige a los nuevos presos y solía decirles: ‘'Lo haces a mi manera, no a tu manera. Tu manera te trajo aquí''. Es asombroso como nos encontramos a la deriva y aún allí estando a punto de caer tratamos de escapar de las tormentas a NUESTRA manera. ¿Cómo es eso posible si nosotros orquestamos nuestras caídas usualmente?


Ahora mismo, ahí mismo, en medio de tu pausa o estancamiento, analiza a quien permitirás conducir el volante para que aceleres o cambies de dirección. A veces los cielos nos protegen del caos inevitable de nuestras malas decisiones y, sin embargo, lo queremos a nuestra manera. Nuestro camino nos trajo aquí, deleguemos ... en el peor de los casos, no obtendremos aquello por lo que hemos orado ya que no hay nada peor que recibir algo que no necesitamos.

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