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  • Luis Felipe Faraj

¿Fiesta?

Celebrar después de una victoria es agotador, especialmente después de haber dado todo para lograr esa victoria.


Vivimos en un mundo festivo, personas que celebran cosas que no merecen ningún elogio como el asesinato de bebés inocentes dentro del vientre de una mujer o cualquier otro hecho que atente en contra el código moral de la humanidad; pero hay un par de cosas que vale la pena elogiar.

En esta sociedad, llena de odio y envidia, hay pocas personas que reconocen realmente el éxito que puedas tener; pero a la mayoría no les importa si ganas en la vida o no, en realidad esperan que fracases porque la gente no tolera ojos bonitos en cara ajena. Quizás estés leyendo y preguntándote: ¿qué victorias?' ¿Qué triunfos? No tengo ninguno. Vivimos en un mundo donde el éxito es tener dos o tres novias, el último iPhone, seguidores en las redes sociales, un carrazo o simplemente llevar ropa cara. Lo que me obliga a preguntar lo siguiente:


¿Está luchando contra la depresión, pero hoy no estuviste deprimido?


¿Estás luchando contra una adicción pero hoy no consumiste?


¿Está tratando de mejorar esa actitud que sabes que necesita mejorar; y hoy, cuando te pusieron a prueba, no fallaste?


Si las cosas materiales valen más que las sobrenaturales, ¿por qué nuestras almas sólo se emocionan con los triunfos de lo invisible y no con la adquisición de lo tangible?


Atrevete a celebrar un triunfo momentáneo con aquello que otros luchan pero se avergüenzan de reconocer.

Atrevete a sonreír porque hoy no sentiste ansiedad.

Atrevete a mostrarte gracia porque el único que sabe lo que estás batallando no es el movimiento de las redes sociales, solo vos.


Concedete la oportunidad de una pequeña palmada en la espalda. Pero entonces, prepárate; porque la batalla continúa al día siguiente; muchas copas en una festividad trae falta de juicio, y vivir de logros pasados abre la puerta a la conformidad y apatía.

Sir Alex Ferguson dijo una vez: "El pitido final es el mejor momento. Es definitivo y concluye el momento en que finalmente logras algo’’.


La vida definitivamente no es un juego de fútbol, ​​por lo tanto, el pitido final es solo la salida del alma del cuerpo; celebre por un tiempo y luego continúe persiguiendo la grandeza de todos, la obra maestra en sí: usted mismo. Luis Felipe Faraj

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