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  • Luis Felipe Faraj

El Mayor Desacuerdo de Todos

Pasaron los años y hemos pensado más en como poner cercos de protección en nuestro círculo para aquellos que piensan o actúan diferente a nosotros porque aquel que es azul en un mundo verde ya no es especial, es un fatuo. Estar en desacuerdo se ha convertido en el mayor insulto y no en un vehículo hacia el crecimiento.


Recuerdo en Kindergarten cuando nos enseñaban la correcta pronunciación de palabras en inglés y también aprendíamos a diferenciar entre un rectángulo y un círculo. ¿Qué hubiese sido de mi hoy día diciéndole redondo a lo cuadrado? No solamente sería una afirmación incorrecta pero seguramente mi maestra del Kindergarten no me quiso lo suficiente para corregirme. A causa de éstos desacuerdos desde pequeños sabemos que 5 no equivale a 2+2. Podemos saber que hola es para saludar y adiós para despedirnos. Los desacuerdos nos hicieron crecer académicamente y no nos molestó nunca aprender la verdad. La verdad, por definició, es excluyente; 1+1 es 2. A nadie le molesta que sea dos. ¿Qué nos pasó? ¿Por qué en 2021 ofende el desacuerdo cuando ya sabemos que nos hizo crecer desde nuestra formación infantil? Las estructuras sociales quieren determinar que puede estar situado como verdad y que es falacia, cuando usualmente las tienen alrevés. Las redes sociales, instituciones educativas y empleos ya no permiten que pensemos, solo quieren que los afirmemos como mascotas en entrenamiento. El análisis independiente es sinónimo de rebelión y la crítica el equivalente de odio. Ya no se está formando al joven, se le está adoctrinando. El privarnos de pensar para concluir diferente se ha vuelto cosas de simios y no de personas racionales. Si no estas de acuerdo con las ideologías y corrientes progresistas sos un desfasado social que busca su propio interés y no el bien común. Te volves viral en Twitter a causa de ser pensante (retrasado) y no común y corriente (un robot que repite y repite). Se ha vuelto defectuoso desarrollar una voz propia y no unirse al megáfono público. Se nos ha olvidado que el mayor desacuerdo de todos se hizo humano. Si, el mayor desacuerdo que ha existido se llama Jesucristo. Dios, el Padre, no estuvo de acuerdo que la humanidad pereciera en un lugar de eterno tormento. Basado en ese desacuerdo envió a Su hijo por amor. Estar en desacuerdo es amar. Así como un padre corrige a sus hijos cuando cometen errores, lo hace a base de un desacuerdo con la actitud del niño o la conducta de la niña. Estar en desacuerdo no es odio, es amor. Si viviéramos en un mundo donde todos estaríamos de acuerdo en todo tuviéramos serios problemas. No imagino un mundo donde todos tuvieran el mismo equipo de fútbol, estudiaran todos la misma carrera y se vistieran todos iguales. De hecho, ¡vestirse diferente a los demás conlleva un desacuerdo! De repente usted se ve a espejo y no está de acuerdo con la versión física o moral que contempla. Quizás usted no esté de acuerdo con el gobierno de su país. De repente usted quisiera cambiar muchas cosas de su pareja porque en su cabeza piensa diferente, he allí, otro desacuerdo. Vivimos en un mundo donde el pensar diferente es lo que nos hace especiales y únicos. El silencio jamás retó una mente. El silencio jamás cambió una generación. El silencio es para los débiles. El Mesías jamás guardó silencio— No estaba de acuerdo que el ladrón viviera sus últimos momentos en agonía mental. Lo volteó a ver y le dijo: ‘’Hoy vas a estar conmigo’’. El mayor desacuerdo de todos concluyó en amor. El desacuerdo es amor siempre y cuando la verdad no esté comprometida. El ser diferente, pensar y hablar diferente puso a un hombre inocente en la cruz; y ese precio pagado definió nuestra identidad para siempre… todo por no estar de acuerdo. En un mundo de plástico, ser de barro es un gran defecto. Amemos diferente. Permítase ser poco común. ¡Seamos de barro! Felíz día del amor y la amistad, Luis Felipe Faraj


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